Hablar de “retos” en cualquier campo de la misión de la Iglesia es siempre estimulante. Representan para nosotros una serie de desafíos, quizá difíciles de llevar a cabo, pero que constituyen un estímulo sólido que nos apremia a afrontarlos con valentía.

La experiencia de don Bosco nos da claves que nos ayudan a comprender el sentido original de lo que hoy entendemos por grupos de fe y sus retos fundamentales. La Carta de identidad del MJS nos da cuenta de ello: “En el primer Oratorio de Valdocco, gracias al protagonismo de los mismos jóvenes y al impulso que imprimió Don Bosco, florecieron las Compañías que querían dar cauce a la sociabilidad, la amistad, la vida de la fe y el compromiso de los mismos jóvenes, formando así líderes e implicándolos en la creación de un ambiente educativo favorable para el crecimiento de todos”. Desde la experiencia de don Bosco, a mi juicio, los grupos de fe debería:

  1. POTENCIAR EL PROTAGONISMO JUVENIL. Los jóvenes tienen que ser los auténticos protagonistas, el centro de la vida de los grupos. En ocasiones no son nada más que meros consumidores de actividades que no les permiten juzgar y decidir en libertad. Algo que reforzaría notablemente su opción de fe actual y futura.
  2. CREAR COMUNIDAD. Estoy convencido que la fe o se vive en comunidad o se muere. Es en comunidad donde compartimos la vida con los otros y donde surgen los verdaderos lazos de amistad. En ocasiones nuestros grupos pueden convertirse en grupos muy cerrados que no se insertan en la comunidad cristiana de referencia.  
  3. SER AUTÉNTICOS GRUPOS DE FE: Queremos dar a los jóvenes lo mejor que tenemos, y es aquí donde encontramos la fe en el Dios de Jesús. Tenemos la tarea de dar razón de nuestra esperanza, ser testigos del Resucitado. Que nuestros grupos no sean sólo “grupos” sin contenido, sino un espacio en el que transmitir la fe desde el testimonio.
  4. COMPROMETER. Un grupo de fe que no nos lleva a la acción es estéril. El joven ha de comprometerse con la construcción del Reino, colaborar en la construcción de un mundo más justo, más humano, más de Dios.

Creo que este sería el reto definitivo, que los grupos de fe favorecieran procesos de crecimiento en la educación y maduración en la fe para que los jóvenes fueran en nuestra sociedad fermento en la masa.

José Luis Navarro, sdb
Coordinador de Pastoral de Alicante

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