Cada vez se escucha más entre los presbíteros una afirmación hecha queja referente a la falta de tiempo, o más bien dicho, a la sobreabundancia de tareas respecto al tiempo que se tiene para llevarla a cabo.

No es mi pretensión abordar ahora esta cuestión, y sí en cambio, tratar de una de las consecuencias: cómo los presbíteros, los curas, los sacerdotes, poco a poco, nos hemos ido retirando de la pastoral y vamos siendo una especie en peligro de extinción en el paisaje pastoral.

Antes de avanzar deseo dejar constancia de mi agradecimiento y admiración a todos aquellos que han vivido el ministerio pastoral antes que yo y expresar también mi confianza que no faltarán en el futuro.

Intento a continuación compartir algunas ideas que me sugiere esta cuestión:

El cura diocesano no puede desatender la pastoral. Entiendo la pastoral como la acción pensada y confiada con el Espíritu para hacer presente el Evangelio en un lugar y contexto concreto. La pastoral forma parte de nosotros, de nuestra vida y de nuestra identidad sacerdotal. No es una ocupación, semejante a un trabajo, a una profesionalización… insisto en la identidad, como el pastor, como el buen pastor que cuida de sus ovejas. Esto hace que el tiempo se distribuya según la identidad y no al revés. El tiempo es un medio donde se realiza la identidad.

El cura debe hacerse presente en la pastoral con otros curas. Sabiéndose formando parte del presbiterio. Esto no quiere decir que todos tengan que hacerlo todo. Me refiero más bien, a la conciencia que, mientras que un cura está atendiendo una realidad, otro cura está atendiendo otra, y que ambas se saben atendidas por ambos curas. El cura nunca solo en la pastoral.

El cura en la pastoral también con los laicos. En comunidad, compartiendo la misión, si queréis… sinodalmente.

La acción pastoral se debe pensar, realizar y evaluar, y siempre rezada. La acción pastoral impregnada del Espíritu y una espiritualidad cuestionada por la pastoral.

No conformarnos con la casualidad. Debemos pensar qué tiempo dedicaremos a la pastoral, que acción pastoral realizaremos, en qué lugar pastoral me encontrarán. Nos metemos en la pastoral y vamos descubriendo como ésta desarrolla y alimenta nuestro ministerio. Podríamos decir que la pastoral es un “lugar” donde proyectamos nuestro ministerio y que nuestro ministerio se ve “alimentado” por la pastoral.

En Iglesia. Con la Iglesia local y diocesana. No nos inventamos la pastoral, no nos la hacemos a medida. Nos sabemos colaboradores y corresponsables con los objetivos e indicaciones diocesanas. En comunión.

Acompañamiento y cultura vocacional pueden ser dos de las principales y particulares aportaciones que hacemos los curas a la pastoral.

Carles Muñiz, presbítero de Sant Feliu de Llobregat

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