Después de todo un verano intenso, lleno de experiencias y actividades pastorales y no pastorales seguro que todos tenemos ganas de volver a nuestra rutina, a nuestro curso escolar, a nuestro día a día, en el que nuestros quehaceres pueden ocupar más tiempo que el ocio y el tiempo libre.

Es por eso, que la primera reflexión del curso es prepararse bien la mochila para empezar con buen pie. Una mochila especial que cada uno la llena de lo que es y de lo que tiene.

En mi caso, este curso lleno la mochila de:

  • Música: porque como decía Don Bosco: “una casa salesiana sin música es como un cuerpo sin alma”, venir cargados de música es venir cargados de melodías, de notas que armonizan y dan ritmo a nuestra vida, que ponen expresión a muchos sentimientos que viviremos durante el curso y que eso nos debe de ayudar. Al final, en los grandes momentos de la historia de Israel, ¿no había música siempre en ellos?
  • Oración: poder disponer de este recurso en la mochila nos ayuda a tener conexión directa con nuestra fuente, con nuestra fuerza que nos impulsa y nos apoya para que nuestro día a día esté bien enraizado. La oración va a ser el motor de esa rutina, que a veces será más llevadera y otras veces más pesada, pero que si contamos con Dios, la carga es más ligera.
  • Compromiso: guardado en la mochila, nos ayuda a estar en los sitios al 100% con la gente, los proyectos y los objetivos que nos planteemos. Comprometerse no es estar a medias, es vivir lo que vivimos desde esa coherencia cristiana del amor. Es ese compromiso que nos mueve a construir un mundo mejor, sin grandes aventuras, más que la propia vida y nuestro mundo local.
  • Historia: no debemos olvidar de dónde venimos, que pasó en otros años, o que hemos aprendido. Pero no se debe convertir en una losa que no nos deje avanzar, sino más bien en un mapa de ruta que nos acompañe y guíe en nuestras experiencias pastorales de este curso.
  • Ilusión: en todo lo que hagamos, empezar con ganas y con esperanza, hace que la actividad, la vivamos con más alegría, una ilusión que nos mueve y nos motiva para transmitirla a los demás. Parecida a esa fe que te mueve y se transmite a los demás. A nuestro lado queremos personas motivadas e ilusionadas. ¿Seré yo también esa luz para los demás?
  • Labor: otra frase de San Juan Bosco: “trabajo, trabajo y trabajo”. Es un elemento fundamental para empezar bien el curso, ganas de trabajar y poder aportar lo que nosotros somos en cada ámbito de nuestra vida. Las cosas no nos vendrán dadas y si en nuestra mochila pastoral no hemos metido el trabajo, costará mucho que nuestros proyectos salgan adelante.
  • Amor: no basta con currárselo, o ponerle ilusión, o incluso rezar mucho, debemos amar, querer mucho y hacer que la gente se sienta querida. Es la clave final; si conseguimos que el ambiente de nuestras casas, puestos de trabajo y vida social sea un ambiente rico en amabilidad y ternura, seremos más testimonios del amor de Dios de lo que nosotros podamos pensar.

Y tú, ¿de qué llenas tu mochila pastoral?

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